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Cien Gatos (Cuento)

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Cien gatos me miran parados, estáticos en el medio de la calle. Ninguno maúlla, ninguno ronronea, ninguno se lame las patas, no juegan con ninguna de las hojas que caen de los árboles, ni persiguen a ningún insecto. Solo están ahí, los cien, contemplándome expectantes y sigilosos, como si yo fuera su presa, su comida, su manjar. De pronto, uno maúlla, aunque más que eso me pareció un rugido y ese gato, y ese león, dió el primer paso, que luego fue imitado por los noventa y nueve felinos restantes. Di media vuelta y comencé a correr y correr, con todas mis fuerzas, con toda mi energía, hasta que llegué a la puerta de mi casa que se levantaba gigantesca e imponente. Ingresé por un resquicio que había debajo de ella y solo me sentí tranquilo y seguro cuando mi cuerpo completo, incluso mi fina y larga cola, había franqueado la entrada. Ya me acostumbré a mi nueva apariencia, y hasta podría decir que me siento felíz con mi novedoso aspecto ratonil. Solo debo tener algo de cuidado con esos cien gatos que me esperan en la vereda. FIN
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